


El movimiento de la estructura artificial sigue el ritmo regido por la naturaleza, imitándola.
Elementos del plano se elevan para alcanzar la altura de los órdenes verticales; mientras que la intersección de diagonales provoca sucesivas radiaciones generando profundidad.
El “infinito” aparece en el espacio, en donde la luz posibilita su proyección, reforzando y debilitándolo en su constante ciclo.
La luz, en su fluidez y cualidad etérea, nos devela aquel ritmo natural en donde lo artificial se somete, desarrolla y evoluciona.
Elementos del plano se elevan para alcanzar la altura de los órdenes verticales; mientras que la intersección de diagonales provoca sucesivas radiaciones generando profundidad.
El “infinito” aparece en el espacio, en donde la luz posibilita su proyección, reforzando y debilitándolo en su constante ciclo.
La luz, en su fluidez y cualidad etérea, nos devela aquel ritmo natural en donde lo artificial se somete, desarrolla y evoluciona.
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